martes, 3 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Sangre española
El toro de Lidia, es hoy en día el símbolo más emblemático de España y la carta de presentación de nuestra cultura. Esto viene siendo así desde antes de que nuestros abuelos nacieran. Nuestro país se ha hecho famoso por las corridas de toros, los encierros, el flamenco y el sol. Ahora también somos conocidos por el fútbol (desde que España ganó el mundial de 2010) e incluso me atrevería a decir que el nombre de algunos jugadores se conoce en el extranjero mucho más que el de Mariano Rajoy. Pero eso son cosas temporales que cambian rápido, hoy es España el rey del fútbol y mañana puede ser cualquier otro.
Lo que no es tan fácil de cambiar son aquellas costumbres que presumen de estar ligadas a nuestra cultura como por ejemplo la tauromaquia. Los toros de Lidia, o también llamados toros bravos, han sido criados con un sólo propósito: matarlos. El orgulloso símbolo de nuestro país ha sido fruto de una rigurosa selección de las razas bovinas más salvajes y con mejor porte de todas. Estos ejemplares han sido criados con cariño y esmero para terminar en la plaza de toros mientras la gente aplaude su muerte.
Los que defienden esta tradición no son capaces de sentir el dolor del animal. Vitorean y ríen la gracia del torero mientras banderilla tras banderilla el animal es aguijoneado en el lomo. Creen que no tiene sentido que se pueda matar cerdos para comer, pero no que se pueda matar toros por diversión. Se atreven a decir que el animal no sufre, que apenas siente dolor mientras se torea y que es el mayor honor que puede aspirar un toro. Para mí esas escusas suenan igual de patéticas que quien defienda la pelea de perros o de gallos alegando que los animales están deseando matarse entre ellos.
Los defensores de esta práctica argumentan que el toreo es cultura y también lo llaman arte. Los taurinos han llegado a pedir a la UNESCO que lo declare patrimonio cultural de la humanidad. (Cosa que me alegro de que aun no haya ocurrido.) Pues bien, por contradictorio que parezca, yo pienso que los toros sí que forman parte de nuestra cultura. Como también lo forma parte la desigualdad de derechos de la mujer en los países Islámicos, la ablación de clítoris en algunos países africanos o el canibalismo en la polinesia. No se puede negar que de forma paradójica la incultura forma parte de la propia cultura. Por muy insensible o macabro que parezca, "la cultura" no es más que aquellas costumbres o conocimientos que forman parte de un grupo social o de una época. Con esto no digo que todo lo que forme parte de nuestra cultura deba ser inamovible y protegerse. Algunas costumbres es mejor dejarlas ir o de lo contrario nunca progresaríamos.
Los gladiadores del Coliseo romano también llegaron a ser importantes en la cultura de Roma y hoy nos resultaría de locos que se siguieran realizando estas prácticas en la actualidad. La tauromaquia es muy parecida a todo esto. Es una práctica cruel y desfasada apoyada solo por los más conservadores del país.
A la gran mayoría de los españoles les importa un bledo si los toros siguen formando parte de la cultura o no, les da igual porque han crecido viendo esta práctica como algo normal. lo más común es que digan: "A mí no me gusta y con no verlo tengo." Cerrar los ojos ante lo que sucede es desgraciadamente la actitud más habitual entre la gente de este país.
En cuanto a arte se refiere, no todos tenemos el mismo gusto. Por supuesto no negaré que los movimientos al torear tienen su técnica y en cierto modo su belleza, pero al manchar sus manos de sangre soy incapaz de ver más arte del que podría haber en un matadero. Los toreros, normalmente gente sin estudios de cuerpos flacuchos, no merecen más mérito que un carnicero que sepa cortar la carne con destreza. Se consideran muy diestros y valientes, blandiendo un capote que despista al animal al realizar la embestida. Se escudan con cobardía detrás de caballos con picas y otras personas que acudirán en su ayuda en caso de que algo saliera mal.
Actúan como bufones para un público violento que busca satisfacer sus ansias de sangre. Se pavonean orgullosos embutidos en esos trajes de lentejuelas mientras la multitud los aclama como maestros por el mero hecho de haber matado a un animal. Después de acribillar al toro, se les obsequia por su maestría entregándoles las orejas arrancadas del animal o el rabo ensangrentado mientras lo alzan en hombros.
Todo esto suena muy bien si se tratara de la época medieval o del Coliseo romano, pero no entiendo que esto se siga practicando en la época en la que estamos. La habitual muestra de sacar el pañuelo blanco y agitarlo en señal de agrado se me antoja en cierto modo parecido a cuando los romanos levantaban el pulgar para recompensar a sus gladiadores.
Ya no tenemos esclavos, pero tenemos contratos basuras; ya no vemos a los luchadores morir en el Coliseo, pero nos regodeamos con los toros en la plaza... En el fondo nada ha cambiado, seguimos siendo unos salvajes. Nos creemos mejores por manejar el iPad y el ordenador, sabemos cosas que ellos ignoraban y nos mostramos orgullosos por nuestros avances tecnológicos. Nos creemos superiores del mismo modo que los romanos creían serlo con respecto a los bárbaros.Podría decir que por todo esto la tauromaquia es inhumana y violenta, pero lo cierto es que no hay nada más humano que la crueldad. "Inhumano" sería molestarse en intentar salvar la vida a estos pobres animales o privarse de unos cuantos lujos para destinarlo a los que lo necesitan. Creo que, sinceramente, el término inhumano no podría ser más contradictorio e hipócrita. Deberíamos cambiar nuestras costumbres y empezar a utilizar "inanimal" como alternativa. No son ellos los que se regodean ante el sufrimiento de otros, no son ellos los que matan por placer mientras se ríen. La naturaleza es cruel, sí, pero nosotros somos los más crueles.
No digo que haya que abolir inmediatamente el toreo, sino que se busque otro tipo de alternativas menos violentas. Velcro, banderillas adhesivas o lo que quieran... No se necesita matar a un animal para divertirse. Aunque claro, esta solución no satisfaría el ansia de sangre. ¿verdad?
No he podido hacer este tema imparcial porque la defensa del toreo no tiene ningún fundamento. Los políticos se afanan en conservar esta costumbre antigua porque mueve dinero y porque les beneficia el apoyo de la multitud que defiende la tauromaquia. Si has leído esto, espero que no cierres los ojos ante el maltrato animal. Tu indiferencia provoca que los toros sigan muriendo en la plaza. No hay revolución sin revolucionarios. ¡Exprésate!
Para más información visiten:
Por una cultura sin maltrato animal.
El soñador despierto
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